Ante el Atlético de Madrid se pudo apreciar  las dos caras de Osasuna en ataque, un Osasuna que en la primera parte fue valiente y con presencia en área rival y un Osasuna en la segunda mitad desaparecido. Una paradoja comparable con una dentadura postiza. 

Valientes en ataque 

Osasuna es un equipo característico por ser muy vertical, por ser muy directo y sobre todo por encerrar a su rival cuando juega en El Sadar, una actitud que se pudo apreciar en la primera parte del encuentro en el Wanda Metropolitano en la que los rojillos mostraron al rival su dentadura y trataron de «hincar el diente» en la portería rival para lograr anotar un gol. Desde la ocasión de Kike García y el centro-chut de Moncayola hasta el misil de Lucas Torró que obligó a Oblak a volar para parar el balón, una primera parte en la que incluso por momentos, Osasuna consiguió quitarle el balón a los colchoneros.

Imagen de Kike García celebrando su gol ante el Betis.
Fuente: 20Minutos

Desaparecidos arriba

De manera paradójica hay momentos en los que Osasuna se olvida de atacar, es como si de una dentadura postiza se tratase, en la que su mayor arma para «hincar el diente» en la portería rival y para marcar gol se hubiese olvidado en casa y el equipo se hubiese presentado al partido solo para defenderse. Dicha situación es la que le ocurrió en la segunda parte ante el Atlético de Madrid. Osasuna no consiguió crear peligro en toda la segunda parte, exceptuando el disparo a la desesperada de Roberto Torres.

Imagen de los jugadores de Osasuna lamentándose por las ocasiones erradas. Fuente: CA Osasuna

Asimismo, cabe destacar que en los últimos 4 partidos, Osasuna ha anotado 0 goles obteniendo 1 punto de los 12 posibles, un pobre bagaje que pone en evidencia la producción ofensiva del equipo. Aunque hay que puntualizar que esos últimos 4 partidos han sido contra los cuatro mejores clubes de La Liga y 3 de ellos fuera de casa, pero aún así ello no quita que sea unos datos nefastos.

Conclusión

Osasuna es capaz de mostrar sus dos caras en ataque, una cara en la que es valiente y trata de «hincar el diente» en la portería rival y otra en la que está completamente desparecido y simplemente se dedica a defender.

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Me llamo Dani, tengo 19 años, estudio ADE en la universidad y soy entrenador de fútbol en el Navarro Villoslada.