Ser árbitro es complicado. La persona que arbitra un partido de fútbol profesional sabe que debe tomar siempre las decisiones correctas. Para ello cuenta también con los jueces de línea y el cuarto árbitro, y recientemente con el VAR. Sin embargo, ni el ojo humano ni la tecnología han podido evitar que en algunas situaciones no se actúe de manera totalmente justa, o de la misma manera en todos los encuentros.

Las manos

El reglamento dice lo siguiente: «no está permitido tocar el balón con la mano ni con el brazo, aunque no siempre que un jugador toca el balón con la mano o el brazo constituye infracción. Sólo será sancionado un jugador que toque de forma voluntaria el balón con la mano o el brazo. También se considerará infracción si el balón toca en un brazo o mano que está en posición antinatural (no sea consecuencia del movimiento de su cuerpo en esa acción concreta o no esté justificada debidamente la posición de la mano o el brazo). Por último, si accidentalmente un jugador marca gol con la mano o con el brazo el gol no será válido, aunque la mano sea involuntaria«.

En resumen, cualquier tipo de contacto con la mano de forma voluntaria, en posición antinatural o que tenga un gol a favor como consecuencia será sancionada. Sin embargo, en casi todas las jornadas de liga podemos ver situaciones en las que no se sabe muy bien cómo actuar. No se sabe a ciencia cierta si la mano es voluntaria o no, si podría haber cortado una jugada peligrosa, si podría haber sido gol… Al final todo se resuelve con la interpretación que el árbitro da de la situación, provocando que dos infracciones idénticas de partidos distintos sean juzgadas de distinta manera según el árbitro del encuentro.

Situaciones parecidas que tuvieron distinto desenlace según el árbitro del encuentro. Fuente: Defensa Central.

No existe una solución que pueda ayudar a juzgar de igual manera todas las manos, pero pienso que sí que se deberían de unificar criterios y hacer de esta norma una norma algo más objetiva sin tanto «caso suelto». Otra posible solución podría ser que todas las manos constituyesen infracción, ya fuesen involuntarias o no, porque si un jugador recibe una patada de otro la falta se pita igual, ya sea voluntaria o sin querer. Con las manos podría ser lo mismo, y nos ahorraríamos muchas horas de debates discutiendo si la mano es punible o no.

Las provocaciones a los jugadores

Me refiero a las situaciones en las que un jugador da pequeños toques a otro jugador de otro equipo con la única finalidad de que este se termine hartando y volviéndose de manera violenta hacia el primero, provocando que el árbitro acabe expulsándolo. Este tipo de cosas deberían estar mucho más controladas, ya que pasa mucho más de lo que se ve. Aclarando que si un jugador es expulsado por perder los papeles ante empujoncitos o toquecitos es culpa suya, creo que no es necesario llegar a esa situación ni se tendría que permitir llegar a ella. Un sólo árbitro no puede vigilar constantemente lo que hace cada jugador con su rival, pero el VAR debería de tener mucho más protagonismo en estas situaciones. Si un jugador lleva provocando a otro durante el tiempo suficiente como para que este pueda en cualquier momento darse la vuelta y comenzar una pelea, el VAR debería de avisar al árbitro de campo. Por supuesto, el árbitro de campo debería intervenir más, y mostrar más tarjetas de las que se muestran actualmente.

Provocaciones como esta de Sergio Ramos a Messi no son sancionadas debidamente. Fuente: depor

Otro caso lo podemos ver cuando un jugador aleja el balón o se lo lleva para retrasar la reanudación del juego después de cometer una falta, con el objetivo de perder tiempo. En algunos casos el jugador puede llegar a tener el balón en sus manos durante el tiempo suficiente como para que un jugador rival (con prisa para poner el balón en juego) se desespere y se lo quite a la fuerza, pudiendo provocar una tarjeta amarilla o una expulsión, dependiendo de las formas de quitar el balón de las manos. La sanción tendría que ir hacia el jugador que pierde tiempo. Una tarjeta amarilla y una advertencia del árbitro tendría que ser suficiente, pero no se hace así. En muchos casos se logra perder tiempo, además de provocar que un jugador vea de forma injusta una tarjeta.

Las pérdidas de tiempo

El tiempo efectivo de juego de la liga española es muy pobre. En la primera jornada de esta liga, de los 90 minutos que dura un partido sólo se jugaron 52 minutos. Hay una pérdida de tiempo de hasta 38 minutos por partido. Tiempo que no se recupera, ya que por muy generosos que sean los descuentos nunca se va a llegar a descontar tanto tiempo. Las causas de las pérdidas de tiempo son varias:

  • Los saques de banda y de puerta. Desde que el balón sale de banda hasta que vuelve a ser puesto en juego en una situación normal de partido (no de contraataque, donde se saca muy rápido) pasan desde 5 hasta 15 segundos (o incluso más si el jugador recoge el balón lentamente, se sube las medias antes de sacar, seca el balón con la camiseta…). Estamos hablando que de media en cada saque de banda se pierden 10 segundos, que multiplicado por todos los que se producen en el partido hacen que se puedan ir hasta 2 minutos sólo por los saques de banda. Con los saques de puerta sucede lo mismo, y aún se pierde más tiempo. En una situación normal de partido los porteros tardan desde 8 segundos hasta 35 segundos en los peores casos, donde el portero se pasea por todo el área pequeña antes de colocar el balón, coger carrerilla y sacar. Los saques de puerta pueden hacer que se pierdan hasta 3 minutos de juego.
  • Alejar el balón. Además de molestar a los rivales, cuando un jugador se lleva el balón para retrasar el lanzamiento de una falta, o la reanudación del juego suele tener el objetivo de perder el tiempo. Estas acciones son muy poco sancionadas, ya que todo se suele quedar en una advertencia que no llega a más, haciendo que ese mismo jugador u otros de su equipo hagan lo mismo siempre que puedan. Hay que parar esto, y con una tarjeta amarilla a tiempo se lograrían evitar muchas pérdidas de tiempo.
Nahuel Molina acabó expulsado tras «agredir» a Baena por alejar hasta tres veces el balón, con el objetivo de perder el tiempo. Fuente: Superdeporte.
  • Los cambios. Los jugadores abandonan el campo con mucha lentitud, haciendo que se puedan perder hasta 40 segundos en un cambio. La temporada pasada disminuyeron las pérdidas de tiempo ya que el árbitro podía obligar a un jugador a retirarse por la banda más cercana a su posición, aunque esta norma no es suficiente. En el fútbol español se sigue perdiendo mucho el tiempo, y el arbitraje debería de ser más estricto con estas situaciones.
Sergio Rodríguez Carnicer

 

 

 

 

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